domingo, 13 de noviembre de 2011

Rinocerontes tristes


93. - A veces me siento un poco como el protagonista de “Majo, el rinoceronte” (Horacio Elena, Editorial Lóguez) intentando tapar las cosas que a algunas personas no les gustan de mi, pero que en realidad, son rasgos que me definen y que por fortuna, me diferencian de ellos. 
Otras veces me siento como un rinoceronte expuesto en un zoo y observada entre gritos y bullicio: más o menos como Clara, la hembra huérfana de  rinoceronte india (1738-1758)  que llegó a Europa en 1741, en la época en que pocos se habían visto en Europa (para ser exactos, el quinto rinoceronte vivo que fue visto hasta el momento en el viejo continente).
Destacó por su carácter apacible y sumiso. Al parecer se le cayó el cuerno mientras se encontraba en Roma (cosa habitual en los rinocerontes confinados en pequeños espacios, que frotan su cuerno repetidamente contra las paredes de sus jaulas, aunque algunos testimonios dicen que se lo cortaron en Roma por razones de seguridad).  Tras exhibiciones en pueblos de los Países Bajos, Alemania, Suiza, Polonia, Francia, Italia, Bohemia y Dinamarca, murió finalmente en Londres. 
Como Clara, yo también me siento arrancada, encerrada, explotada, expuesta, observada, sola, lejos de los míos, lejos de los que son como yo, más retratada  por fuera que por dentro… y también he perdido mi cuerno (me lo cortaron). Al igual que ella no entiendo el mundo. Estoy siempre triste por dentro, como esperando algo. También soy la diana en la que se ceba  la chusma y el populacho, el sinvergüenza y el canalla, el mezquino y el ruin. Me siento dando vueltas en un bucle, como Rómulo el rinoceronte blanco del Bioparc de Valencia.
También me siento como otro rinoceronte llegado a Europa en 1515, y que se ahogó en un naufragio en la costa de Italia en 1516, el llamado Rinoceronte de Durero: nunca nos han visto, pero ya nos  han retratado.

Y así voy… queriendo huir, pero no puedo porque no se qué habrá más allá. Además para un rinoceronte no es fácil huir sin su cuerno.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Barry, el perro rescatador

92.- Nuestro héroe nació en Suiza en el año 1800. Vivía en el famoso Hospicio de San Bernardo, en un paso suizo a más de 2000 metros de altura, donde muchos viajeros se dirigían desde y hacia Italia, y en el que es muy común que los caminantes se extravíen en la nieve y sean víctimas de aludes y avalanchas. Por aquel entonces, los religiosos empezaron a emplear perros tranquilos, valientes, corpulentos, de pelajo tupido y musculosos en tareas de rescate. Los perros transportaban un arnés provisto de alfor jas con alimentos y un pequeño barrilito al cuello, para prestar el primer auxilio. Barry (cuyo nombre significa ‘osito’ en dialecto bernés) pronto destacó por su notable desenvolvimiento en la nieve y sentido de orientación. Su adiestrador, compañero y maestro, el padre Luis, supo apreciar desde el primer momento la habilidad y sensibilidad especiales de este animal. Cuentan que Barry era capaz de detectar a una persona en peligro a gran distancia, y que en cuanto percibía que alguien estaba en apuros, salía inmediatamente al rescate. Tenía un carácter muy particular y tras el fallecimiento del padre Luis, se dice que su carácter se hizo aun más reservado, paseando siempre atento y concentrado por las altas montañas, a la espera de algún caminante que pudiera necesitarle.


Pasó asi gran parte de su vida: salvando gente. Su fama se debe a una leyenda iniciada a fines de 1860, que da cuenta del heroico rescate de 40 viajeros perdidos, hasta que el último de ellos lo confunde con un lobo y le da muerte. Aunque esta historia es falsa. Realmente en 1812 un monje lo lleva a Berna, donde vivio vivió siendo ya famoso y admirado por todos. Muere en 1814. Su cuerpo embalsamado se encuentra expuesto en el Museo de Historia Natural de Berna - Suiza.
Fueron muchos los homenajes que se le han hecho en forma de novela, sinfonía, libros, sellos... pero el de mayor relieve es el monumento que posee en el Cementerio de los Perros de Asnières, París, que inmortaliza la escena de uno de sus salvamentos: el de un niño atado a su arnés por la madre moribunda. Al pie de la escultura puede leerse: “Barry, el heroico, salvó la vida de 40 personas, fue muerto por la 41"

Balto: "Resistencia - Fidelidad - Inteligencia"

91.- Otra historia real, conmovedora y que evidencia la poca memoria que tiene ser humano para las cosas buenas y la poca memoria que tienen los perros para las cosas malas. Balto fue un perro de raza husky siberiano, nacido en el pequeño pueblo de Nome, Alaska (Estados Unidos). Considerado como el héroe de los niños del pueblo Nome. Balto ocupó los dos primeros años de su existencia en llevar comida para los menores de edad, pese a que se le consideraba como un perro bastante lento y muy poco adecuado para este trabajo. A principios de 1925, una epidemia de difteria, una enfermedad mortal que afecta principalmente a niños menores de cinco años, se desarrolló en la aldea. Se requirió penicilina urgentemente en todos los hospitales de la zona, por telegrama, las autoridades se enteraron que había algunas existencias en la ciudad de Anchorage, a más de 1000 millas (1609 kilómetros) de allí. Ante la dificultad de salvar dicha distancia para el traslado del suero, se elaboró un plan: llevar los medicamentos en trineo arrastrado por perros. Participaron 20 mushers (conductores de trineos) y más de 100 perros, entre los que estaba Balto. Cuando el perro guía se rompió una pata, Balto tuvo que ocupar su lugar, aunque el recorrido como guía fue muy pequeño, una vez llegados al pueblo, Balto se llevó todo el mérito ya que, a pesar de no ser un perro apto para ser el líder, logró cumplir su trabajo y guíar al resto. El perro que había sido el guía durante todo el trayecto, no recibió tanto reconocimiento.
Pero el tiempo pasó y la gente empezó a perder la memoria y Balto, junto con el resto del grupo de perros, fueron vendidos a un realizador de espectáculos de variedades, en donde la gente paragaba unos centavos por verlos. Cuando pasó la moda, bajó la recaudación y con esto mermaron los cuidados y la alimentación. En 1927, un hombre de negocios de Cleveland, Ohio, visitó Los Angeles, y supo que los perros estaban mal atendidos y decidió comprarlos, pero en vez de darles un buen destino, Balto fue llevado al zoológico de Cleveland, junto con los otros canes del Suero de Nome de 1925, a pasar sus últimos años, viviendo como prisioneros, algo incompatible con el espíritu libre de un tirador de trineos. Balto falleció el 14 de marzo de 1933, con 14 años de vida aproximadamente. La prensa se apasionó con esta historia e hizo de Balto el nuevo héroe de la nación. Apareció en las portadas de los periódicos de todo el mundo, y se erigió una estatua en Central Park de Nueva York con la inscripción: "Resistencia - Fidelidad - Inteligencia". Balto fue llevado a la pantalla grande.

viernes, 11 de noviembre de 2011

SAN GUINEFORT, patron de los galgos

90.- Copiado de facebook, tal cual: "Vamos a ponerle una velita a SAN GUINEFORT, patron de los galgos, para que pare la tortura y abandono de estos preciosos perros. La leyenda nace en Francia en algún momento del siglo XIII. Un caballero sale de caza dejando a su hijo pequeño dormido en la cuna junto a su fiel galgo Guinefort. Cuando el caballero regresa y entra en la habitación el espectáculo que contempla lo deja paralizado. La cuna está caída por el suelo, hay restos de sangre entre las sabanas y al niño no lo ve por ningún lado. Cuando Guinefort acude a recibirlo como hacía siempre, con sus alegres movimientos de rabo, el caballero vuelve a quedarse espantado… El perro tiene sus fauces manchadas de sangre.
Rápidamente el hombre llega a la peor de las conclusiones; Guniefort se ha comido a su hijo. Ciego de furia la emprende a golpes con el perro hasta que lo mata. Cuando la calma vuelve al corazón del caballero, con el perro ya destrozado a sus pies, comienza a escuchar el suave llanto de un bebe. Se dirige hacia el lugar de donde proviene el ruido y cuando aparta la cuna descubre entonces a su pequeño retoño que gimotea en el suelo. Tiene una víbora sobre su pecho y está manchado de sangre, pero la sangre es de la serpiente que se encuentra medio destrozada y el niño está completamente ileso y a salvo. Es entonces cuando el caballero se da cuenta de su terrible error. La sangre en la cuna, en el niño y en los dientes de Guinefort pertenecía a la serpiente y el perro lo único que había hecho era salvar la vida de su hijo. Arrepentido el caballero, entierra al pobre perro colocando unas pequeñas piedras sobre su tumba y plantando algunos árboles a su alrededor. La historia del heroico perro, y además mártir, no tarda en extenderse entre la gente que comienza a acudir a su tumba y que termina por convertirse en un pequeño santuario. Pronto también, comenzaron a circular rumores de algunas milagrosas curaciones gracias a la intercesión del perro, por lo que Guniefort empieza a ser considerado un buen santo a quien rezar y especialmente indicado para la protección de los niños.El santuario de san Guinefort se hizo cada vez más popular y las peregrinaciones a su tumba se convirtieron en algo habitual entre la población de los alrededores. Fue entonces cuando llamó la atención de la Iglesia quién inicia una investigación sobre el perro santo. A pesar de que en esas investigaciones se llegó a aceptar algún acto milagroso de Guinefort, la iglesia nunca reconoció oficialmente su culto. Es más, con la llegada de la Inquisición, los restos de Guinefort fueron exhumados, quemados y su culto considerado herejía, es decir, que te arriesgabas a quedar convertido en un torrezno. Aún así, el culto a San Guinefort perduró durante algunos añitos más, exactamente y según Wikipedia ¡Hasta 1930!"

jueves, 14 de julio de 2011

Los gatos en Pompeya

89º- En Pompeya también hubo gatos. Se cree que la domesticación del gato comenzó entre el 7.500 y el 7.000 a.C, así que ¿cómo no iban a existir gatos en Pompeya?

Pues claro que sí. He aquí unos mosaicos de gatos.
En la antigua Roma en general, acogió al gato como animal de compañía y como cazador de ratas. Al principio, sólo las familias romanas ricas tenían gato, pero ya que se trata de un animal prolífico, todos los romanos pudieron tener uno poco después.
El pequeño felino era especialmente apreciado por los soldados romanos, que lo llevaban con ellos en sus campañas. Sin embargo, éstos últimos dejaron a alguno de sus gatos por el camino, lo que ayudó a la propagación del animal por toda la antigua Roma (como vemos, la costumbre de abandonar a los animales de compañía también es muy antigua.
No me sorprende: la visión que el hombre tiene del gato difiere totalmente de una época a otra, y de una región a otra, yendo desde el Antiguo Egipto, cuando lo veneraban, hasta la Edad Media, cuando los quemaban en las hogueras.)

miércoles, 13 de julio de 2011

El último día de Pompeya

88.-Pompeya, ciudad de la Antigua Roma, fue enterrada por la violenta erupción del Vesubio el 24 de agosto del año 79 d. C. Toneladas de ceniza cubrieron esta ciudad que sería redescubierta en 1748. Desde entonces ha sido excavada revelando numerosos secretos: edificios, pinturas murales, baños, casas, calles, templos, termas, instalaciones deportivas y otras de ocio, etc, en un sorprendente estado de conservación.
Miles de animales y personas perecieron en el desastre. En algunos de ellos la expresión de terror es claramente visible. Otros se afanan en tapar su boca o la de sus seres queridos con pañuelos o vestidos tratando de no inhalar los gases tóxicos, y alguno se aferra con fuerza a sus joyas y ahorros. Tampoco falta quien prefirió ahorrarse el tormento quitándose la vida, conservándose su cuerpo junto a pequeñas botellitas que contenían veneno.
La ciudad ofrece un cuadro de la vida romana durante el siglo I, y es que la erupción inmortalizó hasta el mínimo detalle de la vida cotidiana. Los perros guardianes siguen encadenados a las paredes de las casas de sus amos, y es que al parecer estos animales eran atados durante el día y sueltos por la noche para la defensa de la vivienda y sus habitantes. )

De hecho en la entrada de la vivienda del Poeta Trágico (una casa de modestas dimensiones pero decorada con mucha elegancia) se encontraba la inscripción Cave Canem (Cuidado con el perro) al lado de la imagen de un perro sujeto por una cadena, hecha en mosaico (sí, tesela a tesela) Quizá no tenía ni perro, sólo el mosaico en el suelo.

No es el único perro pompeyano del cual se conserva testimonio. El relieve de este perro de Pompeya demuestra que el animal fue sorprendido por el desastre cuando se encontraba todavía atado. Posiblemente nunca sabremos su nombre, su color, ni a quien pertenecía, ni si era feliz… solamente que se olvidaron de desatarte de tu cadena y no pudiste huir… pero el destino ha querido que pasaras a la historia con tu collar y ese gesto de dolor, una constante entre tantos y tantos perros que siguen atados a su desgracia por haber nacido perro en una u otra parte del mundo…

sábado, 9 de julio de 2011

Marchando una de canarios!!

87º-He leído una noticia que me ha llamado la atención: que algunos pájaros cantan más debido al ruido de las ciudades. Bueno, son conclusiones a las que llegaron unos investigadores y que fueron publicadas en la revista “Behavioral Biology”
Pues esto me trajo a la mente un recuerdo de mi época de criadora de canarios…
Tuve varios canarios. Todos ellos con una personalidad muy definida, digan lo que digan. Tuve una hembra naranja. Ni recuerdo ahora mismo su nombre. Me la vendieron en un mercado de Portugal diciendo que era un macho y yo me la traje feliz en una cajita de cartón con agujeros hechos con un boli. No cantaba y eso ya me mosqueó. Pero mi sorpresa fue mayúscula cuando, después de arrancarle todas las plumas de la cola a su compañero, empezó a dejarme huevos cada mañana durante varios días. No estaban fecundados, entre otras cosas porque su amante Romeo era jovencito e inexperto, pero sobre todo por lo acorbardado que estaba, a juzgar por cómo le gritaba al pobre. Ni se movía de su esquina. Tuve que separarlos.
En una ocasión, puse una planta al lado de la jaula. Pues a ella no le pareció buena idea, de hecho piaba con tanta fuerza y frecuencia que se quedó afónica, algo lógico después de verla como abría la boca y estiraba la lengua para realizar aquellos “graznidos”. Tuve que retirar la planta para que no le diera un infarto.

Romeo era amarillo. Un malinois, con un canto suavecito, parecido a un gorjeo. Compartía balcón con un magnifico timbrado español, que tenía más de español que de timbrado… no cantaba nada… Me recomendaron que le pusiera unos cassettes con cantos de pájaro, y así lo hice y en poco tiempo el sonido de mi Pavarotti retumbaba por todo el patio de luces.

Pues Romeo y Pavarotti no se veían, pero se oían. Con el tiempo, a Romeo dejé de oirlo. Será la muda, me dijeron… pero el caso es que Pavarotti se mataba entero cantando, tanto que hasta parecía que había ampliado su repertorio y podía cantar a dos voces. Tremenda sorpresa me llevé cuando descubrí que el malinois había aprendido a imitar al timbrado, dejando de lado su canto original… no sé si eso es habitual, pero doy fe que eso es posible.

Fueron años muy alegres con estos cantarines compañeros… Ella se fue después de 2 ó 3 días de apagarse como una velita. Romeo se murió inesperadamente, cantando sin parar. Pavarotti se hizo viejito y pude ver cómo en cosa de una semana se le fueron plegando las patas hasta que no se podía levantar… murió enseguida.

Pasaron ya muchos años, pero mira por dónde, todavía me acuerdo claramente… son esas cosas que no quisiera que se llevara por delante el Alzheimer

sábado, 7 de mayo de 2011

La tristeza del Maya

86º- Un día los animales se acercaron a un maya y le dijeron: No queremos verte triste, pídenos lo que quieras y lo tendrás. El maya dijo:
Quiero ser feliz. La lechuza respondió: ¿Quién sabe lo que es la felicidad? Pídenos cosas más humanas. Bueno añadió el hombre.
Quiero tener buena vista. El zopilote le dijo: Tendrás la mía.
Quiero ser fuerte. El jaguar le dijo: Serás fuerte como yo.
Quiero caminar sin cansarme. El venado le dijo: Te daré mis piernas.
Quiero adivinar la llegada de las lluvias. El ruiseñor le dijo: Te avisaré con mi canto.
Quiero ser astuto. El zorro le dijo: Te enseñaré a serlo.
Quiero trepar a los árboles. La ardilla le dijo: Te daré mis uñas.
Quiero conocer las plantas medicinales. La serpiente le dijo: ¡Ah, esa es cosa mía porque yo conozco todas las plantas! Te las marcaré en el campo.
Y al oír esto último, el maya se alejó.
Entonces la lechuza dijo a los animales: El hombre ahora sabe más cosas y puede hacer más cosas, pero siempre estará triste.
Y la chachalaca se puso a gritar: ¡Pobres animales! ¡Pobres animales!
Autor anónimo

La luciernaga y la serpiente

85º- Cuenta una leyenda, que una vez, una serpiente empezó a perseguir con locura a una luciérnaga.
El insecto huía con mucha velocidad de la feroz depredadora, pero la serpiente no pensaba desistir. Huyó un día, y ella no desistía, dos días y nada. En el tercer día, sin fuerzas, la luciérnaga paró y dijo a la serpiente:

- ¿Puedo hacerte unas preguntas?
- No acostumbro dar éste precedente a nadie ... pero como te voy a devorar, puedes preguntar.
- ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?
- No
- ¿Yo te hice algún mal?
- No
- Entonces, ¿Porque quieres acabar conmigo?
- Porque no soporto verte brillar

Autor desconocido

El Gallo y la bandera portuguesa

84º- Cuenta la leyenda que hace tiempo, mucho tiempo atrás, un peregrino portugués
con destino a Santiago de Compostela fue acusado por las autoridades de espía, así que decidieron condenarle a la horca.

Seguro de su inocencia, el hombre pidió que lo llevaran ante el juez, quien se preparaba para comer un gallo asado con unos amigos, entonces el peregrino afirmó:
"Si me ahorcan, el gallo cantará porque soy inocente".

Dicho y hecho. Lo ahorcaron y el galló cantó. Así nació la leyenda de uno de los mayores símbolos de Portugal, el Gallo de Barcelos.