143.- La gélida mañana del 3 de enero de 1889, Friedrich Nietzsche abandona su casa de la calle de Carlo Alberto, en Turín, para dirigirse al centro de la ciudad. Cruza la plaza del mismo nombre y se topa con un cochero que azota con el látigo a su caballo, exhausto, resignado y doblegado en el suelo. Nietzsche, hondamente dolido, herido en lo más profundo de su alma, se arroja sobre el caballo y lo abraza.
Unos dicen que le susurró palabras que solo el caballo podía oír. Otros dicen que permaneció en silencio, llorando, o quizá hablándole sin pronunciar palabra pidiéndole perdón en nombre de la humanidad, pero todos coinciden en que fue un episodio crucial en la vida del filósofo alemán: el momento en el que perdió lo que llamamos “razón” y, de alguna forma, rompió para siempre con esa misma humanidad, que lo consideró desde entonces un perturbado. Sus últimas palabras son: “Madre, soy tonto” (“Mutter ich bin dumm”).
Permaneció junto al caballo hasta que fue detenido por desórdenes públicos.
Mostrando entradas con la etiqueta Filosofía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Filosofía. Mostrar todas las entradas
martes, 21 de octubre de 2014
jueves, 31 de julio de 2014
El Dilema del Erizo ( de Schopenhauer)
139.- En un frío día de invierno, una manada de erizos se juntan para resguardarse de la helada gracias a su propio calor, amontonándose unos encima de otros. Pero sucedió que se pincharon entre ellos y el dolor fue tal que tuvieron que separarse rápidamente, con lo que otra vez sintieron frío. Así que entre el peligro de morir de frío o de hacerlo por el dolor que se infringían mutuamente con sus espinas, acabaron encontrando la distancia correcta, aquella que les permitía no morir de frío y no hacerse demasiado daño, de manera que el frío y el dolor fuese soportable.
domingo, 18 de noviembre de 2012
El Año chino y el gato
106.- Cuenta una leyenda que con motivo del nuevo año chino Buda convidó a todos los animales a una fiesta en su reino a fin de restablecer el orden del mundo.
Tan sólo se presentaron doce animales y Buda les recompensó por su lealtad otorgándoles un año a cada uno de ellos.
Los animales llegaron de forma escalonada y el orden en que llegaron dice algo acerca de su personalidad.
Dicen que cuando la Rata recibió la invitación se apresuró a engañar a su mejor amigo el Gato proponiéndole que echaran una cabezacita pero que se despertarían el uno al otro para que pudieran ser los primeros en llegar a Buda.
Naturalmente, el Gato confió en su vieja amiga la Rata y se quedó dormido al instante.
En cambio la Rata, astuta como era, se apresuró a esconderse en la oreja del Buey, pues sabía que éste solía despertarse temprano. Tal como era de esperar, el Buey despertó al alba y emprendió el viaje fatigosamente hacia Buda.
Justo cuando las grandes puertas del palacio se empezaban a vislumbrar a lo lejos la Rata saltó de la oreja del Buey, salió pitando y fue el primer animal en llegar a Buda. Luego llegarían el Buey, el Tigre, el Conejo, el Dragón, la Serpiente, el Caballo, la Cabra, el Mono, el Gallo, el Perro y, finalmente, el cerdo.
El Gato se quedó dormido, claro está, y nunca llegó a la fiesta de Buda. Por esa razón, no hay ningún año que lleve el nombre del Gato y, desde entonces, el Gato y la Rata siguen siendo hoy enemigos.
Tan sólo se presentaron doce animales y Buda les recompensó por su lealtad otorgándoles un año a cada uno de ellos.
Los animales llegaron de forma escalonada y el orden en que llegaron dice algo acerca de su personalidad.
Dicen que cuando la Rata recibió la invitación se apresuró a engañar a su mejor amigo el Gato proponiéndole que echaran una cabezacita pero que se despertarían el uno al otro para que pudieran ser los primeros en llegar a Buda.
Naturalmente, el Gato confió en su vieja amiga la Rata y se quedó dormido al instante.
En cambio la Rata, astuta como era, se apresuró a esconderse en la oreja del Buey, pues sabía que éste solía despertarse temprano. Tal como era de esperar, el Buey despertó al alba y emprendió el viaje fatigosamente hacia Buda.
Justo cuando las grandes puertas del palacio se empezaban a vislumbrar a lo lejos la Rata saltó de la oreja del Buey, salió pitando y fue el primer animal en llegar a Buda. Luego llegarían el Buey, el Tigre, el Conejo, el Dragón, la Serpiente, el Caballo, la Cabra, el Mono, el Gallo, el Perro y, finalmente, el cerdo.
El Gato se quedó dormido, claro está, y nunca llegó a la fiesta de Buda. Por esa razón, no hay ningún año que lleve el nombre del Gato y, desde entonces, el Gato y la Rata siguen siendo hoy enemigos.
El gato y el Budismo
105.- Un gran maestro del budismo zen tenía un gato que era la verdadera pasión de su vida.
Así, durante las clases de meditación, mantenía el gato a su lado -para disfrutar todo lo posible de su compañía.
Cierta mañana, el maestro -que ya era muy anciano- apareció muerto. El discípulo más aventajado ocupó su lugar.
En homenaje al recuerdo de su antiguo instructor, el nuevo maestro decidió permitir que el gato continuara asistiendo a las clases de budismo zen.
Algunos discípulos de monasterios vecinos, que viajaban mucho por la región, descubrieron que en uno de los más afamados templos del lugar, un gato participaba de las meditaciones.
La historia comenzó a circular.
Pasaron muchos años. El gato murió, pero los alumnos del monasterio estaban tan acostumbrados a su presencia, que consiguieron otro gato. Mientras tanto, los otros templos comenzaron a introducir gatos en sus meditaciones; creían que el gato era el verdadero responsable de la fama y la calidad de la enseñanza y olvidaron que el antiguo maestro era un excelente instructor.
Pasó una generación, y comenzaron a aparecer tratados técnicos sobre la importancia del gato en la meditación zen.
Un profesor universitario desarrolló una tesis -que fue aceptada por la comunidad científica- según la cual el felino tenía la capacidad de aumentar la concentración humana, y de eliminar las energías negativas.
Y así, durante un siglo, el gato fue considerado esencial para el estudio del budismo zen en aquella región.
Hasta que apareció un maestro que tenía alergia al pelo de los animales domésticos, y resolvió alejar el gato de sus prácticas diarias con los alumnos.Hubo una gran reacción negativa, pero el maestro insistió. Como era un instructor excelente, los alumnos continuaron con el mismo rendimiento escolar, a pesar de la ausencia del gato.
Poco a poco, los monasterios -siempre en busca de ideas nuevas, y ya cansados de tener que alimentar a tantos gatos-, fueron eliminando los animales de las aulas.
En veinte años, comenzaron a aparecer nuevas tesis revolucionarias -con títulos convincentes como "La importancia de la meditación sin gatos", o "Equilibrando el universo zen sólo con el poder de la mente, sin ayuda de los animales".
Otro siglo pasó, y el gato quedó por completo fuera del ritual de la meditación zen en aquella región. Pero se necesitaron doscientos años para que todo volviera a la normalidad -porque nadie se preguntó, durante todo ese tiempo, porqué el gato estaba allí.
miércoles, 15 de septiembre de 2010
Una gran gatuna
74º- Nadie duda de que María Zambrano fue gran una filósofa y ensayista española, nacida en Vélez-Málaga en 1904 y fallecida en Madrid en 1991.
Dado que sus padres eras maestros, ella se movió siempre en los ambientes más intelectuales de la época.
En 1921 María se matricula por libre en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, y durante los años de la 2ª República conoce y estrecha su amistad con consagrados escritores a través de las Misiones Pedagógicas y de otras iniciativas culturales. El 14 de septiembre de 1936 María contrae matrimonio con el historiador, diplomático y filósofo vasco Alfonso Rodríguez Aldave (del que posteriormente se separaría), con el que emigra a Chile, donde éste había sido nombrado secretario de la Embajada de España (regresan en 1937). En 1938 fallece su padre Blas Zambrano.
Viven en Valencia y Barcelona, pero por motivos políticos es exiliada a Francia con su madre, su hermana y el marido de ésta.
Pero en su fértil exilio pasan por Nueva York, México, Cuba, Puerto Rico, Francia, Italia… donde comienza la historia que aquí quiero relatar.
María admiraba los árboles, pájaros … en fin, la naturaleza. Junto a su hermana Araceli, daban rienda suelta a su cariño por los animales manteniendo legiones de gatos entre los suyos, los vecinos y los de paso.
Pues bien, María era una gran gatuna (tenía muchos gatos «perturbadores» de la decencia y el orden público). Vivía en un pequeño apartamento de la Piazza del Popolo con su hermana Araceli y un montón de gatos. Los defendía como defendía sus ideas republicanas, y eso le obligó a abandonar su casa de Roma, debido a la presión por las repetidas denuncias de un vecino fascista que odiaba a los gatos.
María llegó a decir:
“Los gatos fueron la causa de que a mi hermana y a mí nos expulsaran de Roma, ¡Figúrate, Roma que es precisamente la ciudad de los gatos! Allí ha habido personas que han llegado a tener hasta cuarenta gatos
Y a nosotras nos perseguían porque teníamos diez, y porque les dábamos de comer, siendo éste uno de los ritos de Roma. Roma es la ciudad de la loba y del gato. El gato fue llevado, como se sabe, por Cleopatra y algunos pensaron que eran pequeños tigres. Fellini, que sabe mucho de Roma, mostró en una de sus películas el rugido de la loba y un gato al que se le ofrece un plato de leche. Se ve que mi hermana y yo –especialmente ella, que se sentía romana– cumplimos con el gato, pero no debimos de cumplir con la loba. Por eso, abandonamos Italia. Luego, en el Jura, en La Piéce, además de gatos teníamos perros”
María inició la partida hacia el pequeño caserío francés de La Pièce, en la frontera suiza, con toda su corte felina maullando desde el interior de mínimas jaulas.
Tenemos alguna referencia de sus gatas: «Tigra» fallecida con 19 años y en 1987 falleció «Blanquita» con 15 años y fueron enterradas bajo su cedro.
A finales de 1985 un amigo, amante de los gatos como ella, le regalo dos gatas grises, de un mes (Lucía y Pelusa) que estarían con Zambrano hasta su muerte.
Dicen que a su tumba acuden —quizás porque allí les echan de comer— decenas de gatos de todos los colores
Para muchos será simplemente una loca "gattara", pero lo cierto es que estaba muy cuerda, y además fue galardonada con el premio Príncipe de Asturias en 1981, y en 1988 se le concedió el premio Miguel de Cervantes, siendo la primera mujer distinguida con este galardón.
Dado que sus padres eras maestros, ella se movió siempre en los ambientes más intelectuales de la época.
En 1921 María se matricula por libre en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, y durante los años de la 2ª República conoce y estrecha su amistad con consagrados escritores a través de las Misiones Pedagógicas y de otras iniciativas culturales. El 14 de septiembre de 1936 María contrae matrimonio con el historiador, diplomático y filósofo vasco Alfonso Rodríguez Aldave (del que posteriormente se separaría), con el que emigra a Chile, donde éste había sido nombrado secretario de la Embajada de España (regresan en 1937). En 1938 fallece su padre Blas Zambrano.
Viven en Valencia y Barcelona, pero por motivos políticos es exiliada a Francia con su madre, su hermana y el marido de ésta.
Pero en su fértil exilio pasan por Nueva York, México, Cuba, Puerto Rico, Francia, Italia… donde comienza la historia que aquí quiero relatar.
María admiraba los árboles, pájaros … en fin, la naturaleza. Junto a su hermana Araceli, daban rienda suelta a su cariño por los animales manteniendo legiones de gatos entre los suyos, los vecinos y los de paso.

Pues bien, María era una gran gatuna (tenía muchos gatos «perturbadores» de la decencia y el orden público). Vivía en un pequeño apartamento de la Piazza del Popolo con su hermana Araceli y un montón de gatos. Los defendía como defendía sus ideas republicanas, y eso le obligó a abandonar su casa de Roma, debido a la presión por las repetidas denuncias de un vecino fascista que odiaba a los gatos.
María llegó a decir:
“Los gatos fueron la causa de que a mi hermana y a mí nos expulsaran de Roma, ¡Figúrate, Roma que es precisamente la ciudad de los gatos! Allí ha habido personas que han llegado a tener hasta cuarenta gatos
Y a nosotras nos perseguían porque teníamos diez, y porque les dábamos de comer, siendo éste uno de los ritos de Roma. Roma es la ciudad de la loba y del gato. El gato fue llevado, como se sabe, por Cleopatra y algunos pensaron que eran pequeños tigres. Fellini, que sabe mucho de Roma, mostró en una de sus películas el rugido de la loba y un gato al que se le ofrece un plato de leche. Se ve que mi hermana y yo –especialmente ella, que se sentía romana– cumplimos con el gato, pero no debimos de cumplir con la loba. Por eso, abandonamos Italia. Luego, en el Jura, en La Piéce, además de gatos teníamos perros”

María inició la partida hacia el pequeño caserío francés de La Pièce, en la frontera suiza, con toda su corte felina maullando desde el interior de mínimas jaulas.
Tenemos alguna referencia de sus gatas: «Tigra» fallecida con 19 años y en 1987 falleció «Blanquita» con 15 años y fueron enterradas bajo su cedro.
A finales de 1985 un amigo, amante de los gatos como ella, le regalo dos gatas grises, de un mes (Lucía y Pelusa) que estarían con Zambrano hasta su muerte.
Dicen que a su tumba acuden —quizás porque allí les echan de comer— decenas de gatos de todos los colores
Para muchos será simplemente una loca "gattara", pero lo cierto es que estaba muy cuerda, y además fue galardonada con el premio Príncipe de Asturias en 1981, y en 1988 se le concedió el premio Miguel de Cervantes, siendo la primera mujer distinguida con este galardón.
sábado, 12 de diciembre de 2009
53º- El filósofo alemán Arthur Schopenhauer (1788-1860) adoraba a su perro “Atma”, que ya es decir, tratándose de un hombre, según la historia, muy pesimista, tacaño, egoísta, vanidoso, grosero y un poco racista. Fue el inventor de la famosa frase “cuanto más conozco a los hombres, más amo a mi perro”. Tenía una pobre opinión de las mujeres, quizá por eso no se casó, o mejor dicho, ninguna trató de casarse con él, lo cual, probablemente, es una muestra de que estuvo rodeada de mujeres suficientemente inteligentes.
Su vida estuvo marcada por fracasos profesionales, un desengaño amoroso con una corista, un largo proceso judicial, la enfermedad y su carácter taciturno. Todo esto lo llevó a sufrir algunos problemas, pero sobre todo a infligir también un considerable dolor a las personas que lo rodeaban.
Sin embargo quedaba una parte sana en su corazón: amó tiernamente a su perro de lanas Atma ("alma del mundo" en sanscrito). Con él daba su paseo diario. Tanto lo amaba que hasta lo incluyó en su testamento.
Fue quizá su único gran amor, y al menos en este caso, fue sincero y correspondido.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
